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¿#Desconecting? ¡No, gracias!

En estos últimos días de julio, parece que se vaya a acabar el mundo. Antes de finalizar el mes, todos quieren dejar terminado su trabajo (los que lo tienen), y se despiden hasta septiembre, como cuando éramos estudiantes y finalizaba el curso escolar. Es cierto que el verano, las vacaciones, suponen un parón y una buena ocasión para recargar pilas y “resetearnos” personal y profesionalmente. Pero de ahí a practicar el “#desconecting”, como recomiendan algunos, hay un largo trecho.

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El próximo mes de agosto somos muchos los que no desconectaremos, por muchos motivos, especialmente porque no tenemos trabajo formal del que desconectar, o porque estamos pendientes de todas las redes para ver si surge algo facturable y monetizable, sea cuando sea. Pero también porque necesitamos estar conectados con nuestros familiares y amigos, tanto off-line como on-line, y al menos eso, mientras podamos pagar la conexión a internet, no nos lo quitará nadie.

Los residentes digitales, aquellos que habitamos en las redes (como bien nos define Eva Collado Durán), generalmente somos personas con una alta sociabilidad, con una especial necesidad de comunicarnos con los demás, tanto con los amigos físicos como con los virtuales. Y a ambos, los tenemos accesibles a través de las redes sociales, a un clic de distancia a través de nuestros smartphones, tablets, etc. Mirando hacia atrás, da un cierto vértigo recordar cuando para contactar con alguien había que llamar por teléfono a su casa, donde podía estar o no. Más adelante, llegaron los móviles, y cambió el paradigma de la comunicación interpersonal: pasamos de llamar a casas a llamar directamente a las personas. Así lo expresaba una marca de telefonía móvil, diciendo “¿Recuerdas cuando llamabas a un lugar y no a una persona?”

Y hoy en día, podemos incluso prescindir de hablar con ellos, ya que gracias a la conexión móvil a internet podemos enviarles un whatsapp, o un mensaje a través de múltiples redes sociales. ¿No os pasa a vosotros que cada vez necesitáis menos hablar por teléfono, y usáis más la conexión de datos?

Recuerdo cuando en 1992 adquirí (voluntariamente, para uso particular) mi primer teléfono móvil; cuando en 1998 pusimos conexión a internet en mi casa, y cómo con el tiempo hemos seguido incrementando y mejorando paulatinamente nuestras conexiones analógicas y digitales con el resto del mundo. Es por ello que ya no concibo “desconectarme” ni en vacaciones, pues esta es precisamente la época del año en la que más me apetece mantener el contacto con los amigos.

Precisamente, el verano pasado, gracias a las redes, pude contactar y “desvirtualizar” a grandes referentes y buenos amigos en las redes, como Noel Carrión (gracias a una foto de Santander en Instagram), o como Francisco Ratia (gracias a un check-in en Foursquare, en el Carrefour de Ponferrada), o como muchos otros amigos que, gracias a la geolocalización de nuestros dispositivos en las redes, nos localizamos y nos seguiremos encontrando para disfrutar juntos de buenos momentos off-line en lugares inesperados. Momentos que aprovecharemos para compartir videos y fotos del encuentro en tiempo real con nuestras redes, que no olvidemos son redes de personas, no de máquinas.

Conecting, sí, ¡y con mucho gusto! Conectado a todo y a todos.

Firmado: Luis Fernández del Campo

Artículo publicado en LA VOZ LIBRE

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Tu nombre es la base de tu identidad digital: “La putada de apellidarse Fernández”

A raíz de una conversación con Guillem Recolons (de @Soymimarca), sobre nuestras respectivas experiencias a la hora de trabajar nuestras propias marcas personales, surgió la idea de realizar este post, narrando mi experiencia personal directa. Me he permitido la licencia de parafrasear el título de un post suyo (“La putada de llamarse García“), al dar título a mi artículo, publicado en “La Voz Libre“.

La putada de apellidarse Fernández

Como paso previo a la creación de una “marca personal”, es imprescindible tener muy claro quiénes somos, de dónde venimos, … y luego ya veremos a dónde vamos. Nuestra identidad personal será la piedra angular sobre la que edificaremos nuestra respectiva “marca”, será el punto de partida, desde nuestro nacimiento, con el nombre y apellidos que nos “han tocado” para toda la vida.

Según el INE, en España somos 928.656 quienes nos apellidamos Fernández, cifra ampliamente superada por los 1.484.707 García, los 935.931 González, y los 933.764 Rodríguez.

Esto no sería nada malo, ni siquiera molesto, si lo que pretendes es pasar desapercibido entre la multitud. Pero si quieres darte a conocer como profesional y llegar a destacar entre los demás, asociando tus valores a tu identidad, no ayuda mucho el hecho de tener un apellido tan vulgar como Fernández, ni un nombre tan normal como Luis, pues somos muchos los “Luis Fernández” existentes. Un simple “googleo” confirma que mi nombre y apellido está muy extendido digitalmente, destacando además unos cuantos tocayos famosos:

–          Luis Fernández Estébanez, actor español, conocido por su papel de “Culebra” en “Los protegidos”.
–          Luis Fernández, arquitecto, actor, escritor y director venezolano.
–          Luis Fernández (entrenador), exjugador y entrenador de fútbol.
–          Luis Fernández, exdirector de RTVE.

Los dos últimos aparecen únicamente en noticias en que se les cita, ya que no tienen web ni presencia en redes sociales; en cambio, los dos primeros sí que tienen actividad digital, tanto directa, como a través de sus “fans”. Empiezo a estar acostumbrado a ser seguido (especialmente en twitter, donde mi usuario es @luisfernandez) por muchas jovencitas fans de los luises actores, tanto españolas como venezolanas, y a que hagan comentarios sobre mis “actuaciones”, hasta que se dan cuenta del equívoco y me “abandonan”.

Hace unos días, alguien que decía ser el propio actor español (desde la cuenta @LuchoFernandez_) me solicitó en twitter que intercambiáramos los nombres de usuario, argumentando que él es actor y famoso, aun cuando esa cuenta tiene menos “followers” que yo (!). Obviamente, no accedí, ni lo habría hecho aunque fuese el auténtico actor (que lo dudo), pues mi identidad, unida a mi actividad tuitera desde hace 4 años, me ha forjado una “marca personal” de la que forma parte indisoluble mi nombre de usuario en twitter, @luisfernandez. Como dice Alfonso Alcántara (@Yoriento), “Hay dos tipos de usuarios Twitter, los que tienen un nombre con guión bajo y los que eligieron bien”, o mejor dicho, “los que llegamos pronto”.

Ante esta abundancia de nombres e identidades, ¿qué puede uno hacer para diferenciarse y reafirmar su identidad digital? Veamos algunas posibilidades:

1) Utilizar los dos apellidos siempre, algo que enorgullecerá a nuestras madres.

2) No utilizar el primer apellido, obviándolo, si el segundo tiene más “personalidad”.

3) Modificaciones vía Registro Civil:

  • Unir los dos apellidos con un guión, convirtiéndolo en apellido compuesto.
  • Colocar un “de” delante de tu primer apellido.
  • Alterar el orden entre el primero y el segundo apellido (solo sirve si el segundo no es tan corriente como el primero).

4) Utilizar un apodo, mote (otra forma de llamar a tu “marca personal”), o tu marca comercial, pero solo si tu empresa eres tú mismo. No es conveniente vincular tu nombre al de la empresa en que trabajes, ya que la relación laboral no es eterna. Nuestra marca somos nosotros, no la empresa que nos contrata.

Entre todas estas, yo opté por la primera opción, la de utilizar siempre mis dos apellidos en todas las comunicaciones (tarjetas, web personal, blog, redes sociales, etc.), por su simplicidad, y por ser la que mejor me diferenciaba del resto de “tocayos”.

No obstante, sigue siendo inevitable coincidir con otros “Luis Fernández del Campo”: un concesionario mexicano de automóviles, un ingeniero que da nombre a un puente en la A-6 a su paso por Ponferrada, y un ilustre personaje que dio nombre (o apellidos) a una calle de Bilbao (podéis verlo en la placa). Aunque afortunadamente, al dedicarnos a actividades tan diferentes, no hay confusión posible entre nosotros.

Una vez tengamos decidido y definido nuestro nombre “digital”, el paso inmediato será registrar el dominio en la web y blogs, además de las principales redes sociales. Para ello existen varias herramientas que nos pueden ayudar a hacerlo rápidamente, de un solo vistazo: Namechekr, namechk, knowem.

A partir de aquí, cuando estés preparado, y tengas definidos un objetivo y una estrategia, será el momento de empezar la actividad en redes sociales, desarrollando y difundiendo tu marca personal. Pero eso ya es cuestión de otro post.

Firmado: Luis Fernández del Campo (Consultor Social Media)